Elegir es una posibilidad esencial para vivir en democracia. Razón por la cual yo determino si quiero vivir en Democracia y luego si por ende quiero votar. A ambas cuestiones contesto que si.
¿Qué es vivir en Democracia? Es vivir en una sociedad organizada tanto en sus ámbitos laborales, sociales, de salud pública, culturales, etc.
¿Qué es lo que guía fundamentalmente la democracia?: una política basada en valores éticos de la sociedad que desea vivirla. Una sociedad culta, con valores éticos, lo cual no significa una sociedad ilustrada y con abundancia de conocimientos, sino una sociedad en la cual el principio de respecto por si mismo sea seguido por el respeto del otro, como primera instancia. Una sociedad con conciencia de comunidad.
Es allí ó bien aquí, en los valores éticos, donde reside el meollo de todas las cuestiones.
No creo que se deba dejar de analizar la historia. Muy por el contrario, creo que es fundamental la memoria de todo lo que hemos vivido y nos ha pasado, y aún de aquello de lo cual no fuimos protagonistas, para poder entender qué nos sucede, hoy.
Desde Herodes a nuestros días la humanidad ha cometido inmensos actos de corrupción y barbarie. La Argentina no escapa a esa humanidad. Latinoamérica no escapa. Hoy sabemos más, la corrupción nos llega en el momento en que se esta desenvolviendo, nos golpea, nos irrita, nos arremete altanera porque la sociedad ha perdido herramientas para cercarla. ¿Cuáles son esas herramientas? Los valores éticos y la organización democrática.
¿Cómo se reacciona frente a la corrupción y la barbarie?
En forma individual, con convulsiones de asco y bronca que nos autoperjudican o en forma colectiva, con exteriorizaciones que no hacen más que agredir todo lo que se ponga a nuestro paso.
Una sociedad culta es aquella en la cual sus componentes saben relacionarse con el otro sin violencia, por la razón y el entendimiento. Porque se es, en tanto haya una conciencia del propio ser, que actúe frente al otro y en el espejo de ambos funciona la sociedad.
En el “rostro del otro” se percibe la presencia de algo más allá del análisis y la razón. El milagro del ser. La razón de la existencia.
En la Argentina de hoy no hay conciencia social. No hay conciencia de comunidad, se ha pasado a la unicidad, donde la lucha por ocupar un lugar es despiadada y sin valores.
El “otro” es ninguno. Se “ningunea” olvidando su presencia y sus intereses, teniendo un discurso amorfo, inconsistente o despreciando al otro (ninguneándolo) por la demagogia, o el falseamiento de la realidad.
¿Cómo llegamos hasta esta situación?
Por males propios y ajenos. Reitero, Argentina, Latinoamérica, y el mundo en general están llenos de corrupción y barbarie. Miremos Africa, sin ir más lejos. Es terrorífico. Miremos Perú, Bolivia, etc etc etc miremos Formosa, Misiones.
Los propios males podrían englobarse en una adolescencia como comunidad que resulta fácil presa para los más listos y experimentados hacedores del mundo.
Aquí irrumpe lo económico como fuente de modelos para otras esferas de la sociedad mundial, que por ende nos afectan.
La globalización como forma de encarar temas y proyectos económicos nacida en los mediados del siglo pasado, tiene fuerte acogida en los países que dominan el área económica en todo el mundo. Y Nosotros, los argentinos, no escapamos a ellos.
En la globalización, desaparece el otro. Se pierden las características particulares, desaparecen las diferencias, el abanico de variedades se pierde y lo malo o bueno es igual, solo hay una meta que es el progreso, la abundancia.
Bueno sería saber, para quién o quiénes ese progreso y abundancia. Para la porción social que esta capacitada para absorber ese progreso y abundancia.
Desaparece el poder diversificado en instituciones medias, como gremios, asociaciones civiles, barriales o municipales.
El shock que produce un cambio tan poderoso como la globalización, lleva a una reacción del ser que teme, avizorando su marginación o no participación en eso que promete bonanza. Y allí el salvarse provoca la polaridad: paz = guerra, amor = desamor. De comunidad se pasa a unicidad. Se ningunea al otro igual que lo que me ningunean. Y este no es un conocimiento racional, es un sentimiento interno puro, que se analiza fuertemente desde la no ilustración.
Hay que entender que la globalización abarca todos los estratos sociales, pero no los abarca para incorporarlos, porque una parte numerosa de la sociedad no esta preparada para esa incorporación. Y los interesados lo saben, y los marginales sociales lo saben también. Con una gran diferencia, a unos no les interesa más allá de que molesten su meta de progreso y abundancia. A los otros, sí les interesa, porque sienten que se caen del mapa del mundo. El ninguneo es total.
La protesta que fue orgánica desde algún gremio, con huelgas o tomas o la forma que fuere, se volvió inorgánica, espontánea, sin conducción y sin programas reivindicativos claros. Solo se busca desmadradamente la solidaridad del otro desde donde fuere, porque se caen del mapa; han experimentado el ninguneo, la negación de su existencia como ciudadanos dignos de escucha. Ni las instituciones, ni la sociedad los reconoce.
Están inmersos en ninguna parte y marchan hacia ninguna parte. Nosotros protestamos, porque no integramos la marcha, pero nos arrastran y no sabemos a dónde.
La salida no esta clara por cierto. Desde el estado se preconiza una refundación de las instituciones y mecanismos políticos. Podría ser un: que todo cambie para que nada cambie. No me sirve. La única salida airosa de esta situación puede venir de la clase intermedia o de la clase trabajadora de esta sociedad, que pueda, sepa, y quiera leer con crudeza, veracidad y honestidad, las necesidades y requerimientos de todos los grupos sociales. Puede estarse gestando un movimiento de ese tipo. Que base sus acciones y propuestas en los valores éticos fundamentales, que abarque a todos los seres de esta sociedad y que solo tendrá éxito en la medida en que la sociedad madure y acepte dos o tres generaciones de sacrificio para un futuro mejor.
Por ahora, creo que lo único que podemos seguir haciendo es elegir de entre todo lo malo que hay, lo menos malo, pero votar. Ejercer nuestra función de ciudadanos votando, y rechazando lo espurio e ilegítimo que vaya sucediendo. 2/2009
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada