Las diferencias entre la izquierda y la derecha, el liberalismo o el neoliberalismo, hoy, ya no existen.
Tanto unos como otros, solo buscan el poder. El poder en sí mismo como único valor interesante. No les importa la gente, la sociedad.
Responden ambos a los manejos inescrupulosos de los grandes capitales que dominan el mundo.
A nivel mundial, estos grandes capitales tienen su atención puesta en los países (sobretodo los subdesarrollados) que puedan brindarles los elementos faltantes para incrementar sus riquezas.
Leáse con esto: las materias primas elementales para la subsistencia, agro, agua, y combustibles, minerales,etc.
No cabe duda que la falta de valores morales de nuestra dirigencia, hace posible que nos vendan a cambio del poder que es su valor supremo. El poder como medio para lograr incrementar sus propios bolsillos y asegurarse un lugar en la sociedad por venir.
Una forma, que esgrimen esos grandes capitales, para lograr desarmar un proyecto propio de país, es imponer como gobierno, una figura dictatorial, o al menos autoritaria que desoiga los clamores populares, aún cuando estos se refieran a lo más indispensable, como es el alimento diario, el trabajo, la vivienda; a cambio de que esta figura les sea consecuente.
Los grandes capitales ingresan así, en los distintos países con empresas multinacionales que van expoliando las riquezas de cada nación. Las empresas “son premiadas” con bajas impositivas, y con el retiro inmediato de sus productos hacia otros lugares del mundo. Un robo disfrazado de inversión bajo la promesa hacia ese país, de fuentes de trabajo que no se concretan.
Un dictador o un autoritario es un gran artista (perverso) que declama la distribución de la riqueza en beneficio de los que menos tienen, y hacen todo lo contrario (como vemos en nuestro país), a las órdenes de esos grandes capitales.
Pero, su acción es de tal perversidad, que con ese mensaje comprador de Distribuir equitativamente la riqueza, cometen cuanta tropelía se les ocurre.
Verbi Gracia:
- En el agro, implicando medidas supuestamente justicieras, a todos los ciudadanos que producen en pequeñas parcelas, en donde trabaja generalmente un grupo familiar, tanto como a los grandes terratenientes nacionales o extranjeros.
Si estos pequeños empresarios, en su tarea cometen “injusticias” con sus empleados, habría que preguntar: ¿a quién le corresponde el control de esas posibles injusticias? Al Estado que no existe desde hace mucho.-
- Los grandes poulls (o capitales internacionales) son los que cuentan con mayor cantidad de empleados, extensiones de tierra, y ganancias superlativas ¿dónde está el estado controlando las injusticias? ¿A quién le distribuyen equitativamente la riqueza?
- En la minería, regalando a empresas multinacionales nuestra riqueza, sin considerar que se llevan todo, a bajísimas retenciones e impuestos, en desmedro de las poblaciones con menos recursos y que sumando a su pobreza tienen que sufrir la contaminación como un hecho insalvable. ¿cuántos puestos de trabajo justifican con la venta inescrupulosa de nuestra riqueza?
¿A quién le distribuyen equitativamente la riqueza?
- Es denigrante, cómo, en nombre de la defensa de las clases populares y los desposeídos, usan esa condición para someterlos a su voluntad, comprando sus conciencias a cambio de migajas. Leí cómo les entregan las boletas dobladas de una cierta forma para ubicar los votos que luego deben salir de cada urna, y controlar así, si cumplieron la consigna de votarlos para proseguir con el asistencialismo perverso. El hambre obliga.
Hay temas, que la sociedad considera indispensables y que los gobiernos con un discurso satánico, menosprecian aún diciendo que están ocupándose de ellos.
1) la salud pública: cuánto menos les sea dada a la masa social, menos podrá subsistir.
2) educación: cuánto menos instruidos, más fácil de convencer y llevar para dónde se quiera.
3) la droga: cuánto menos juventud sana exista, más posible será manejar todo el grupo social. Con el consecuente aumento de la inseguridad que sirve para tener otro argumento de mentira.
Ya estoy en el final del camino, y creo que es difícil la tarea que nos espera en nuestro país. He luchado, desde el lugar que me tocó por ser lo más solidaria, justa y eficiente que pude, así como otros sé que lo hicieron. No fue suficiente.
No creo que se vencerá si los pueblos no se concientizan y asumen que estamos luchando contra intereses económicos que no tienen patria, que los mueve unificar el mundo, que tienen muy claro su objetivo y no tienen plazos prefijados para lograrlo. Y lo que es peor, han comprado las conciencias y el bolsillo de nuestros políticos.
Si los pueblos no se aglutinan alrededor de ideales, si los pueblos no estudian su realidad sin dejarse convencer por palabras imperativas y falsas. Si los pueblos no son capaces de beber en su propia historia, en su cultura, en sus propias raíces, si no captan quienes los están engañando con palabras que suenan lindas pero que no son reales, si, en suma, no asumen que la realidad es la única verdad, será difícil superar esta etapa nefasta.
Son los Gobiernos los responsables de cumplir con sus pueblos no vendiendo su ideología y su patrimonio, sino defendiendo los intereses de cada país y su patrimonio. Eso lo debemos exigir desde cada uno de nuestros lugares.
La superación debe ser, sin violencia, por el contrario con inteligencia. Inteligencia para acordar estrategias en cada lugar que ocupemos, pensar en el bien común y no en el triunfo de un sector o grupo. Votar, pensadamente, teniendo en cuenta la realidad y no las palabras amenazantes o altisonantes, votar con la mira en la igualdad, la libertad y la paz.
El basamento de nuestras acciones debe ser el amor al prójimo, el otro como un hermano a quien damos la mano, en contraposición con la codicia imperante en los negocios, las finanzas y los gobiernos.
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