Laurence Summers fue vicepresidente del Banco Mundial en el año 1992, expresaba en un memorando preparado para la "Cumbre de la Tierra Eco 92" realizada en Río de Janeiro:
"Entre nosotros, ¿no debería el Banco Mundial alentar una mayor transferencia de industrias sucias al Tercer Mundo?"
"Numerosos países se encuentran muy limpios por lo que sería lógico que recibieran industrias sucias y residuos industriales, ya que tienen una mayor capacidad de absorción de contaminantes sin que se produzcan grandes costos".
"Los costos de esta contaminación están ligados al aumento o retroceso de la mortalidad. Desde este enfoque, una cierta cantidad de contaminación perniciosa debería ser realizada en países con costos más bajos, con menores salarios, por lo que las indemnizaciones a pagar por los daños serán también más bajas que en los países desarrollados".
"Creo que la lógica económica que existe en la exportación de una carga de basura tóxica a un país con salarios más bajos es impecable y debemos tenerla en cuenta". "Las sustancias cancerígenas tardan muchos años en producir sus efectos, por lo que estos serán mucho menos llamativos en los países con una expectativa de vida baja, es decir, en los países pobres donde la gente se muere antes de que el cáncer tenga tiempo de aparecer".
Estas palabras fueron publicadas por The Economist de Inglaterra titulado "Hay que darles de comer contaminación".En ese memorando interno Summers demostró que el Banco debía alentar a las industrias contaminantes para que se mudara a los países pobres del planeta.
La principal razón era que "la medida de los costos de la contaminación causante de enfermedades depende de los ingresos previstos de un aumento de la morbilidad y la mortalidad".
Summers escribió entonces "Desde ese punto de vista, una cierta cantidad de contaminación causante de enfermedades debe hacerse en el país con el costo más bajo, que será el país con los menores salarios".
"Entre nosotros, ¿no debería el Banco Mundial alentar una mayor transferencia de industrias sucias al Tercer Mundo?"
"Numerosos países se encuentran muy limpios por lo que sería lógico que recibieran industrias sucias y residuos industriales, ya que tienen una mayor capacidad de absorción de contaminantes sin que se produzcan grandes costos".
"Los costos de esta contaminación están ligados al aumento o retroceso de la mortalidad. Desde este enfoque, una cierta cantidad de contaminación perniciosa debería ser realizada en países con costos más bajos, con menores salarios, por lo que las indemnizaciones a pagar por los daños serán también más bajas que en los países desarrollados".
"Creo que la lógica económica que existe en la exportación de una carga de basura tóxica a un país con salarios más bajos es impecable y debemos tenerla en cuenta". "Las sustancias cancerígenas tardan muchos años en producir sus efectos, por lo que estos serán mucho menos llamativos en los países con una expectativa de vida baja, es decir, en los países pobres donde la gente se muere antes de que el cáncer tenga tiempo de aparecer".
Estas palabras fueron publicadas por The Economist de Inglaterra titulado "Hay que darles de comer contaminación".En ese memorando interno Summers demostró que el Banco debía alentar a las industrias contaminantes para que se mudara a los países pobres del planeta.
La principal razón era que "la medida de los costos de la contaminación causante de enfermedades depende de los ingresos previstos de un aumento de la morbilidad y la mortalidad".
Summers escribió entonces "Desde ese punto de vista, una cierta cantidad de contaminación causante de enfermedades debe hacerse en el país con el costo más bajo, que será el país con los menores salarios".
Me atrevo a sugerir que pensemos, antes de asegurar que no nos interesa la política.
Cuando hablamos de “política”, hablamos de un modo de “pensar y enfrentar” la vida. De una posición frente a las cosas y frente a los otros integrantes de la sociedad. Frente a las acciones y las cosas que completan el panorama de nuestra comunidad, nuestra región, nuestro país, el mundo. Esto implica que nadie escapa a ejercer la política.
Porque, aún el ciudadano “que niega el pensar en la política”, ya con esa sola actitud, está fijando una posición dentro de la política.
En la negación está implícita la afirmación de que ella existe. No se niega lo que no existe. Y en tanto que existe, es necesario tenerla en cuenta como parte integrante de la vida. Así como tenemos en cuenta todos los otros ingredientes de la vida, aún con menor o mayor influencia sobre nosotros mismos.
Todos somos habitantes de este mundo y como tales tenemos una actitud frente al “otro”, frente a los “otros”. Somos en grupo y este “ser en grupo” nos da significación como ciudadanos de una comunidad interactuante.
Esta interacción comunitaria nos puede poner en algún momento en situación de ocupar lugares o estamentos que no estaban dentro de nuestra perspectiva, y aún cuando más no fuere esta alternativa, nos convoca a pensar en esa situación.
Ninguno esta libre de llegar a ser jubilado, pensionado, obrero de fábrica, personal jerarquizado, dagnificado por algún evento climático, desocupado, marginado, etc. Nadie tiene un reaseguro de su destino. Nadie está excento de que las alternativas que tiene la vida nos pongan en situaciones impensadas.
Esta sola posibilidad nos invita a pensarnos como otro que transcurre esas situaciones.
Ser solidarios en el pensamiento del otro, no es más que pensar en el otro como un ser humano igual y diverso a nosotros mismos. Es considerar al otro: un hermano en lo esencial. Esta sola concepción es una postura política. Política no partidaria, sino esencialmente política por que es pensamiento en acción, es una representación de nuestro pensamiento en la acción.
Entre otras definiciones, el Diccionario dice acerca de política: Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo. Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado. Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado.
Somos individuos políticos, mal que nos pese. En tanto la política implica orientaciones que rigen la actuación de una persona en un tema determinado.
Un segundo paso en nuestra actitud política es la participación o no en el accionar de esa política. Y es aquí, donde creo, interviene un grado de responsabilidad social y por ende grupal, con respecto a nuestra barrio, pueblo, ciudad, región, provincia, país y el mundo.
¿Cuál es el beneficio de la participación?
Como principio: Ninguno.
No obtenemos ningún beneficio material. Hay un solo beneficio que es moral.
Es de conciencia como ser humano, perteneciente a esta, nuestra comunidad humana, que esta integrada por iguales, de seres humanos iguales y diversos que son acompañantes en el derrotero por la vida.
Derrotero que por otra parte nos involucra a todos, ya que el accionar de unos, influye en la vida de los otros. Somos como sociedad, una formación interactuante, e interinfluyente.
Hay quienes, desde una posición ciertamente individualista, ven la conveniencia de la acción política como modo de influir en el camino social, generalmente en su beneficio, y quienes se mantienen al margen de esas acciones dejan libre el camino para las iniciativas de esos otros que priorizan sus intereses individuales.
Participar en la acción política, puede hacerse en distintos grados de profundidad y de influencia. Lo que sí es seguro, es que aquel espacio de acción que no se ocupa por uno, es ocupado por otro con mayor fuerza y vigor que el nuestro. Dejamos así de ocupar un lugar que como integrantes de la sociedad nos corresponde y perdemos una prerrogativa que la organización social nos permite y nos reserva.
Es muy frecuente, oír de muchos conciudadanos, su evaluación de incapacidad para ocupar un lugar en el accionar político. Habría que analizar, cuánta de esta evaluación es debida a la poca o nula instrucción en la participación social, al menosprecio en la capacidad de pensamiento que nuestra educación infringe, a la falta de valoración de las opiniones individuales por parte de los grupos dirigentes, al menosprecio de nuestras evaluaciones sobre temas particulares a los que nos someten los grupos dominantes. (Y ellos dominan porque hemos dejado los espacios para que lo hagan)
Tenemos una ardua empresa. Revertir esta situación.
Las ocasiones críticas suelen ser los momentos precisos para encarar grandes lides. Debemos ser partícipes de las modificaciones necesarias en una sociedad plagada de injusticias y desequilibrios. Comenzando por involucrarnos en lo poco o mucho que cada uno esté dispuesto a hacer, pero siempre seguros que no podemos prescindir de la política, porque ella es un modo de pensar y enfrentar la vida dentro de una sociedad que es la que nos ha tocado vivir.
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