Una llaga abierta en el cuerpo de los Argentinos

Si algo puede ser sensible para nuestra comunidad, es el tema Malvinas. Sabemos que son nuestras, sabemos que malamente se nos envió a una guerra por ambiciones personales cuando las podíamos recuperar por otros medios, sin sacrificar nuestros jóvenes.
¿Qué pretenden nuestros imponderables gobiernos cuando encaran el tema y lo usan en su beneficio? ¿Tal vez reeditar “la gran Galtieri”?
¿Con las FFAA que destruyeron y humillaron sistemáticamente? O piensan recurrir a las huestes de piqueteros devenidos en grupos armados? ¿Con la asistencia de países “amigos” que después vendrán al cobro de favores?
A ningún ciudadano, le cabe la menor duda sobre la soberanía de nuestras islas.
Pero así también, no le cabe ninguna duda, de la venta desembozada que el gobierno está haciendo de nuestro territorio, por ejemplo con la megaminería, a través de la cual matan por contaminación a miles de ciudadanos, y ponen en riesgo la salud de todos los cercanos o lejanos a las localizaciones de las minas. Sin contar con que en el país no queda renta alguna de esas explotaciones, todas las ventajas las tienen los adjudicatarios mineros y encima los subsidian impunemente. Puestos de trabajo que enarbolan siendo que estos son los de menos categoría, los más rudimentarios y las empresas traen toda la tecnología del exterior y no dejan acá más que devastación por doquier.
La venta desembozada que están haciendo de nuestro territorio al despreciar al pequeño productor del agro obligándolos a vender a las multinacionales por su escasa o nula renta, por el ahogo al que son sometidos. O sea, benefician a las multinacionales en desmedro de nuestros ciudadanos.
Si venden todo, ¿por qué ahora se les ocurre ser patriotas de puro pico?
La Soberanía también la componen los ciudadanos que habitan el territorio, su vida, su trabajo, su subsistencia digna.
¿Quién controló el compromiso de inversión y de exploración a las petroleras actualmente en funciones en el territorio? ¿Quién hizo y hace la “vista gorda” en las obligaciones de esas empresas, además subsidiadas?
¿A quién creen que engañan con su discurso? El pueblo no es idiota aunque ellos crean que lo es. La realidad no es la que fabrican sino que es, la que es y el pueblo la conoce perfectamente.
El pueblo sabe del hambre, de la carencia de salud, del disloque de la educación, de la falta de coherencia entre el decir y el hacer, del desprecio por el otro, por el ciudadano desde la palabra hasta los hechos. Eso nos vende al mejor postor y lo hacen sin que les tiemble la voz, no les importa si nuestros chicos se mueren de hambre o de paco, no les importa la incultura y la falta de formación de los jóvenes, todo les da igual, salvo llenarse los bolsillos.
No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo sustente, dice el refrán.
Pero guay de aquellos que piensan que los pueblos no pierden la paciencia, porque sin fuego, también se puede derrotar el atropello.